Responsabilidad Emocional: ¿La Estás Practicando?



Cuando era niña me enseñaron que “tenía poder” sobre las emociones de otros:

- “Tienes que invitar a la Maca al cumpleaños, para que no se sienta mal”

- “Dale un beso a la tía, para que no se ponga triste”

- “Llama a la abuelita, así no se siente tan sola”

- “Cómete toda la comida, o la mamá se va a enojar”

- “Sácate buenas notas, para que el papá se ponga orgulloso”


Aprendí que mi comportamiento creaba sentimientos en los demás.


Y la consecuencia lógica era que el comportamiento de los demás también debía afectar mis sentimientos, ¿verdad?


Entonces si la Maca no me invitaba a mí, yo me sentía mal.


Y además aprendí que mis ganas de hacer o no hacer algo eran menos importantes que “crear sentimientos” en otras personas.


Nada de eso es cierto. Y tampoco es útil creer que mis acciones crean sentimientos en otros y no es útil creer que las acciones de otros crean sentimientos en mi.


Si la Maca piensa “Le caigo mal a la Carola, por eso no me invitó”, ese pensamiento la hace sentir mal, no el que yo no la haya invitado. Si ella pensara “menos mal que no me invitó porque no me tincaba nada su fiesta”, se va a sentir aliviada.


Siempre es lo que pensamos lo que crea nuestros sentimientos, no las acciones de los demás.


Cuando creo que mis acciones crean sentimientos en otros, dedico tiempo y energía a tratar de controlarlos. Trato de hacer felices a mis papás, a mi jefe, a mi pareja, a mis hijos. Trato de hacer sentir bien a mis amigas o a mis colaboradores. Trato de hacer que otros se sientan como yo quiero que se sientan, o como creo que se deberían sentir. Si bien puede ser bienintencionado es super controlador y poco auténtico. Y es inútil porque sólo lo que una persona piensa crea sus sentimientos, nunca las acciones de los demás.


Cuando creo que las acciones de los demás crean sentimientos en mi, entrego todo mi poder sobre mis emociones a otras personas que no tienen ni la capacidad, ni muchas veces la intención de crear las emociones que yo quiero sentir. Es super desempoderador y también controlador. Porque si necesito que mi hijo se porte bien para sentirme bien, voy a tratar de controlar a mi hijo para mi beneficio. Si necesito que mi pareja haga o diga ciertas cosas para sentirme amada voy a estar constantemente tratando de controlarlo o controlarla para haga exactamente lo que yo quiero. Si necesito que mi jefe esté satisfecho con mi trabajo para sentirme capaz voy a estar siempre tratando de adivinar lo que piensa o buscando su aprobación.


Todo eso es una receta para el fracaso y la infelicidad. Cómo te sientes depende exclusivamente de lo que tu piensas y no de lo que los demás hacen o dicen.


Soy yo la que tengo el poder para crear sentimientos en mi misma y, por otro lado, no tengo poder para crear sentimientos en otros, a menos que ellos participen activamente en esa creación.


Seguro te ha pasado que varias personas te dicen que algo te salió bien, y tu no les crees y te sientes pésimo. Y basta una persona que te diga que te podría haber salido mejor para que te aferres a esa opinión y las otras desaparezcan. La razón es que eso es lo que tu creías (que no te había salido bien), y por eso tu cerebro elimina las otras opiniones que te contradicen.


¿Alguna vez alguien te ha jurado y rejurado que te quiere y aún así tu no le crees? O tal vez te ha pasado a ti que ya no sabes qué hacer para demostrarle a la otra persona que tu la quieres, pero la otra persona esta decidida a no creerte. Los demás no pueden sentir tu amor (ni cualquier otra emoción), si no deciden hacerlo.


Y tu no puedes sentir el amor (o cualquier otra emoción) de otras personas si no participas activamente con un pensamiento al respecto. Por eso es que no tienes idea de cuántas personas te han amado (u odiado) en secreto, sin que tu te enteraras: porque no podemos sentir nada que no creemos nosotros mismos con nuestros propios pensamientos.


Aceptar esta idea es una de las cosas más liberadoras que puedes hacer. Si no necesitas hacerte cargo de ningún sentimiento ajeno, quedas libre para ocuparte de los tuyos propios. Y si no responsabilizas a nadie más por los tuyos, recobras todo tu poder para sentirte exactamente como quieres, sin necesitar ni permiso ni intervención de nadie.


Esta es la mejor noticia de todas, y te invito a ponerla a prueba. Pregúntate ¿cómo te quieres sentir? Y luego, ¿a quién o a qué estás culpando por no sentirlo? Finalmente reconoce que para sentirte como quieres solo necesitas cambiar tu pensamiento.


¿Lista para crear tus emociones?


Por: Carola Fuertes


Ingeniera Civil Electrónica y Life Coach Certificada, he trabajado en empresas como Procter&Gamble, Clínica Alemana y LATAM Airlines, donde fui reconocida por armar equipos sólidos en lo técnico, a la vez que con excelentes relaciones con los clientes internos y con foco en el cliente final y su experiencia. Hoy me dedico completamente al coaching, donde mi misión es catalizar procesos de transformación en mujeres profesionales que quieren maximizar su satisfacción en todos los ámbitos de su vida: carrera, familia, desarrollo personal, salud, finanzas.y relaciones.


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