JACQUELINE DEUTSCH

Psicóloga de niños, adolescentes y padres.


LAS ABUELAS DEL SIGLO XXI



Una pregunta que surge ante tantos cambios culturales es cuál es el rol de las abuelas en este siglo. Vivimos en un mundo muy diferente al que era hasta hace unos 50 o 60 años atrás.


La tecnología ha llegado a nuestras vidas para quedarse y la hemos tenido que incorporar necesariamente, qué duda cabe. El mundo laboral es cada vez más nuestro mundo y las relaciones de pareja y las familiares son también muy distintas a la que nosotros vivimos en nuestra época.


Con el aumento en las perspectivas de vida, muchas tenemos madres y padres de quienes ocuparnos, así como también hijos y nietos. Somos un poco el “jamón del sándwich”, llamamos a nuestros padres diariamente para saber cómo están y también a nuestros hijos, que ya han formado sus propias vidas, para saber de ellos y de nuestros nietos. Las familias jóvenes en las cuales ambos padres trabajan tienen muy poco tiempo extra. La dedicación a sus propios hijos es lo que les ocupa la mayor parte del tiempo. Llamar a la mamá no está en la lista de prioridades, especialmente porque ven que somos mujeres resueltas e independientes, aunque para nosotras, la llamada de un hijo siempre es prioritaria.

Así es como vamos funcionando hoy en día y la familia sigue siendo nuestro foco central. Entonces ¿dónde quedamos nosotras, las madres y abuelas que aún tenemos salud y energía? ¿Tenemos un tiempo para dedicarnos genuinamente a lo que nos hace sentir plenas?

En mi experiencia, la amistad juega un rol fundamental, darnos tiempo (y permiso) para compartir con nuestras amigas no solo es un momento agradable. Mujeres que nos encontramos, más o menos, en situaciones de vida similares. Queremos tener tiempo para cumplir con esos pendientes que dejamos para cuando “tengamos tiempo”.  

Los nietos son una bendición, una prolongación de nuestra propia existencia acá en esta tierra. Pero ¿quién no ha sentido alguna vez que ya pasó la etapa de la crianza, pero igual participa de la crianza de sus nietos?, ¿quién de nosotras no se ha preguntado hasta donde debiese seguir apoyando a sus hijos y posponer actividades que nos parecen necesarias y relevantes?

El famoso sentimiento de culpa no parece querer dejarnos. Sin embargo, debemos cuestionarnos sinceramente cuál o cuáles son nuestras prioridades. Lo importante aquí es apoyar desde el amor y no desde la culpa. Estar plenamente conscientes de que lo que dejamos de hacer, lo decidimos voluntariamente y no por imposición de los hijos.

Dividir el tiempo entre todas las actividades, tanto propias como de los seres queridos nunca ha sido tarea fácil y menos lo es hoy en día. Somos como el pegamento entre todos los miembros del grupo familiar: mis padres y mis hijos se entrelazan en el vínculo que yo tejo.

No olvidemos entonces que seguimos siendo en extremo necesarias, que debemos también cultivar nuestro grupo de amistades que nos identifica, (que puede ser el mismo con el cual desarrollamos nuestros “pendientes”). Tenemos mucho por hacer y un camino hermoso por recorrer, que puede incluir también desafíos en lo laboral, como un emprendimiento ¿por qué no?, nos llenaría de la energía renovada que implica un nuevo desafío laboral.


Así que aprendamos a disfrutar de nuestro espíritu aún joven, a poner en práctica nuestras experiencias y sacar provecho de la mesura y la sabiduría que entregan los años, que, por lo demás, nos quedan muchos por vivir.