Columna GINA OCQUETEAU

CEO CROSSCHECK


LAS MUJERES Y EL COVID-19


Si bien durante la última década los indicadores del mercado de trabajo habían mostrado una evolución positiva, la tasa de participación laboral femenina se ha estancado en torno al 53%.


Las desigualdades de género tienen su correlato en la ausencia o en las limitaciones de la autonomía en sus tres dimensiones: económica, física y en la toma de decisiones. Por un lado, la escasa diversificación productiva, así como la vulnerabilidad frente a los choques externos repercuten negativamente en la posibilidad de alcanzar la igualdad, en la medida en que inhiben el dinamismo del mercado laboral, restringen la difusión de capacidades y se traducen en una distribución desigual de los beneficios del crecimiento y de los costos de los ajustes económicos. Por otra parte, la persistencia de la violencia de género, la sobrecarga de trabajo no remunerado y las brechas salariales de género operan como barrera para la participación plena de las mujeres en las economías, obstaculizan el cierre de brechas estructurales y frenan la innovación y la creación de ambientes laborales más diversos y de estructuras productivas con mayores niveles de complejidad e igualdad.


Las mujeres tienden a tener menor acceso a las instituciones financieras y mecanismos de ahorro formales El mundo laboral Sigue siendo desigual la participación de las mujeres en el mercado de trabajo con respecto a la de los hombres la relación entre hombres con empleo y población se ubicó en un 72,2 por ciento, mientras que esa relación entre las mujeres fue del 47,1 por ciento .


En todo el mundo, las mujeres ganan menos que los hombres. En la mayoría de los países, las mujeres en promedio ganan sólo entre el 60 y el 75 por ciento del salario de los hombres.


Se estima que en todo el mundo las mujeres podrían aumentar sus ingresos hasta en un 76 por ciento si se superara la brecha en la participación en el empleo y la brecha salarial entre mujeres y hombres. Se calcula que esto tiene un valor global de 17 billones de dólares estadounidenses.


Las mujeres tienen una responsabilidad desproporcionada con respecto al trabajo no remunerado de cuidados que prestan a otras personas. Las mujeres dedican entre 1 y 3 horas más que los hombres a las labores domésticas; entre 2 y 10 veces más de tiempo diario a la prestación de cuidados (a los hijos e hijas, personas mayores y enfermas), y entre 1 y 4 horas diarias menos a actividades de mercado.


Las desigualdades de género en el uso del tiempo son todavía altas y persistentes en todos los países. Al combinar el trabajo remunerado y el no remunerado, las mujeres de los países en desarrollo trabajan más que los hombres, destinando menos tiempo a la educación, el ocio, la participación política y el cuidado propio Pese a algunas mejoras logradas durante los últimos 50 años, prácticamente en todos los países los hombres destinan por día más tiempo al ocio, mientras que las mujeres dedican más tiempo a realizar.


Ahora Bien específicamente en el caso del Coronavirus, en el sector salud, las mujeres somos la primera línea en esta crisis sanitaria; según la ONU, 7 de cada 10 trabajadores del sector somos mujeres es decir 70 % del sector salud en el mundo , nos enfrentaremos a más mujeres contagiadas. Además, destinamos más cantidad de horas al cuidado familiar. En países con alta densidad poblacional, con mala calidad de servicios y deficiente acceso a la salud, estamos en una situación desmedro. En hospitales, clínicas y consultorios se hace difícil mantener la distancia social, por lo que somos más vulnerables. La igualdad tal vez sea un derecho, pero no hay poder humano que alcance jamás a convertirla en hecho.


En el Siglo XVII, cuando la Peste Negra azotó a Europa, las trabajadoras de la Salud, principalmente enfermeras, fueron las que más sufrieron contagios y morían relegadas en asilos.


Sin duda por nuestras características: empatía Flexibilidad, resiliencia, tenemos grandes oportunidades estando en cuarentena. Capacidad para entender el entorno mas allá de lo evidente, claramente debemos escuchar más a nuestra intuición que a la razón, las palabras forjan realidad pero no lo son, saber cuándo trabajar en equipo , detentar una visión unificadora e integrada, fortalecemos la cooperación, y usamos nuestro ingenio y creatividad…. Sin embargo al tener empleos más precarios y menos acceso a la tecnología, nuestras horas y trabajos virtuales son menores, con gran impacto en el ingreso. Aún más, el Observatorio de Género y Equidad de la Cepal dice que en Chile más de 1.300.000 de mujeres no realizan trabajo remunerado, lo que de seguro aumentará con el Covid 19.


Los sectores en donde más trabajamos las mujeres, como el comercio, banca, turismo, retail, han sido los más golpeados.. Esto nos impone el desafío de desarrollar al máximo nuestra capacidad creativa buscando una nueva forma de hacer las cosas.


La violencia de género es una pandemia mundial presente desde siempre en la historia de la humanidad, que ningún país ha logrado erradicar. En contexto de emergencia, la violencia machista aumenta y se deben desplegar acciones robustas de mitigación. En Chile, en promedio ocurren 130 mil casos de violencia intrafamiliar (VIF) al año y un 38% de mujeres ha sufrido violencia alguna vez en su vida. A la luz de lo ocurrido en Europa y Asia, se estima que el Covid-19 traerá aparejada la propagación de esta pandemia, especialmente la violencia de pareja, proyectando un incremento de un 20% a un 30% , con mayor riesgo de violencia extrema hacia mujeres y disidencias sexo-genéricas.


El confinamiento doméstico impone proximidad física permanente con el agresor y propicia el riesgo de violencia, su gravedad, reiteración y cronicidad. Las tácticas de poder, control y sometimiento de los agresores tienden a intensificarse provocando la pérdida progresiva de autonomía y aislamiento de las mujeres. Esto último sin duda es una “Pandemia Silenciosa” que se pretende esconder bajo la alfombra, pero que está más presente que nunca. Esto plantea un tremendo desafío para esta “nueva realidad”, donde agresor y agredida comparten muchas más horas juntos.


Este es el gran desafío que nos impone el Covid: cómo lograr sobrevivir no solo al contagio, a la caída de los ingresos o pérdida de empleo, y quizás la más flagelante, al agresor que esta con el que convivimos.