Columna GABRIELA DALLAGNOL

Modelo profesional y Maratonista

EL RUNNING COMO ESTILO DE VIDA

Una de las cosas más entretenidas de ser modelo es, por lejos, tener la oportunidad de viajar y conocer constantemente distintas ciudades y países del mundo. Si bien no siempre puedo recorrer todos los lugares como me gustaría -principalmente por falta de tiempo o a causa de la pandemia- he encontrado que hay un aspecto de mi rutina que me permite mirar el mundo desde otra perspectiva: el running.


Me encanta lo bien que hace física y mentalmente. Es una forma de eliminar tensiones, de estar en contacto con la naturaleza, respirar aire puro y hacer amistades con personas que comparten la misma pasión. Disfrutar de unos buenos kilómetros pasándolo bien no tiene precio.


Porque viajar constantemente también es un desafío. Mi rutina debe estar en un permanente proceso de adaptación a esos nuevos lugares, distintos horarios y hoy más que nunca, a una nueva realidad debido al covid. Esto hace que sea particularmente difícil poder incluir en mi vida disciplinas deportivas que me obliguen a depender de un aparato o un lugar determinado. En ese sentido, el running ha sido una solución perfecta: lo suficientemente flexible como para adaptarse a mis horarios y lo suficientemente potente como para mantenerme siempre energizada.


Me encanta correr por las ciudades del mundo donde me toca trabajar. Todos los lugares tienen un sabor diferente, una mística especial. Y eso es lo lindo del running, que puedo hacerlo cuando yo quiera y, cuando lo practico en un lugar nuevo, me permite conocer, recorrer, mirar con otros ojos. Eso es súper motivante y se suma al golpe de energía que recibo al correr. Uno que transforma todas las tensiones y el stress del trabajo diario y el encierro en algo positivo; en una catarsis que me deja lista y preparada para los desafíos de una nueva jornada.


Adoro correr. Siento que es algo tan natural y tan misterioso al mismo tiempo. Basta con ponerse un par de zapatillas y lanzarse a las calles, a los senderos o incluso jugársela por unos kilómetros en la trotadora si las condiciones sanitarias así lo requieren.


Hay días en que es la mejor forma de darse cuenta de que el cuerpo necesita un descanso. Y en otros, te das cuenta de que puedes dar mucho más de lo que creías. Pero siempre es una oportunidad para conocerse, para conectarse con la naturaleza, con la ciudad, con el entorno y conmigo misma. Y eso me fascina.