Columna de VALERIA MADURO

Escritora, Periodista y Generadora de cambio social.


CONSTRUYENDO LA CADENA HACIA EL PROGRESO SOCIAL.



Hoy, las mujeres jóvenes tenemos en nuestras manos todas las herramientas para lograr lo que nos proponemos. Tenemos el tiempo, pero más que creer en el poder que tenemos, tenemos ejecutar e invitar a más mujeres a tomar acción para transformar nuestro entorno en uno mejor. Debemos aportar al progreso social de nuestras naciones, con un enfoque integral y una visión práctica, y fomentar el aprendizaje con el cultivar de lo más significativo: la humanización de cada acción que hacemos como mujeres y como ciudadanas.


A lo largo de la historia, muchas mujeres destacaron en la lucha por la igualdad de derechos, por defender lo que para muchos no era posible. Hoy en el siglo 21 continuamos alzando la voz para que, desde todos los sectores, el 50 % de la población sea respetada y tomada en cuenta no solo por su género, sino por sus capacidades. Como ejemplos de mujeres líderes destacamos a la científica Marie Curie, primera mujer en ganar un Premio Nobel de Física, la actriz Katharine Hepburn, que luchó por la igualdad en el Hollywood dorado y se hizo célebre por llevar pantalones, que en esa época se consideraban escandalosos para las mujeres; Margaret Sanger, quien dedicó su vida a proveer educación sexual a las mujeres y en 1916 abrió la primera clínica de control de la natalidad, además fue detenida en ocho ocasiones por hablar abiertamente sobre métodos anticonceptivos; Clara González, que fue la primera mujer abogada en Panamá, que defendió los derechos políticos y la igualdad de derechos de las mujeres en este país, en el caso de Chile podemos mencionar a Adriana Olguín, que fue la primera mujer en Chile y Latinoamérica en ocupar el cargo de Ministro de Estado; y Gabriela Mistral, primera mujer en ganar el Premio Nobel de Literatura en América Latina en 1945 y que siempre defendió la lucha de las mujeres en su país. Aparte de ellas, existe una lista interminable de mujeres que han sido pieza clave en la defensa de los derechos de la mujer y en su evolución a lo largo de la historia. Su accionar demuestra que ningún esfuerzo es pequeño porque cada paso ha sido significativo para que hoy muchas mujeres gocemos de más libertad y oportunidades en los diferentes ámbitos profesionales y de la sociedad.


Sin embargo, pese a la lucha de muchas mujeres de defender la igualdad de derechos, en nuestros días se presenta un fenómeno muy particular: Hay casos que demuestran la rivalidad entre mujeres profesionales, en especial cuando la diferencia generacional se puede vivir como una amenaza, y otros que simbolizan cómo algunas, optan por la agresividad y la violencia, para demostrar su poder. Olvidan que este tipo de comportamiento forma parte de un liderazgo “antiguo” y que la mujer cuenta con otras fórmulas para lograr sus objetivos. Podemos seguir vistiendo de color rosa y utilizar faldas, y al mismo tiempo, ser piloto de una aeronave, porque la fuerza para movilizar algo no solo está en lo físico sino en la inteligencia, en la fuerza de los argumentos y no en amedrentar a quienes piensan diferente. Como personas, debemos reconocer que la pluralidad se construye con debate, y no al calor de las emociones.


“Tenemos que ser perfectas”, es la frase que nos persigue. Sin darnos cuenta, la búsqueda de esa perfección consume nuestras vidas, pero ¿te has detenido a pensar en ti? Tú no eres todo lo que haces, sino lo que eres.


Vivimos en un mundo con muchas presiones, en el que todo parece moverse a contrarreloj, la sociedad de alguna u otra forma nos exige ser la mejor hija, hermana, mamá, esposa, amiga, profesional y en todo lo que hagamos en nuestro día a día. Salimos tarde del trabajo, hacemos ejercicio hasta que nuestros cuerpos no dan más para después cumplir con nuestras amistades, o dedicarnos una cena con nuestra pareja, y a la vez tratamos de mantener nuestro hogar pulcro y le exigimos a nuestro entorno cercano la misma perfección que nosotras queremos alcanzar. Somos deportistas en una carrera de vida para lograr un trofeo deseado pero efímero, sin detenernos a pensar que no somos eternas. Realmente es importante enfocarnos, descubrirnos y conocer qué rumbo queremos seguir. El tiempo es íntimo, es único, no es con lo demás, es personal.


En este punto, quisiera resaltar la importancia que entre mujeres nos apoyemos. Mas que una carrera individual, somos participes en una carrera de relevo: carreras formadas por cuatro integrantes o más, en las que cada integrante corre una determinada distancia, para luego pasar un tubo al siguiente participante y así sucesivamente hasta completar la distancia. De esta manera deberíamos funcionar, como un sistema de apoyo, dejando a un lado los patrones sociales que nos han inculcado para resaltar individualmente en sociedad. Parte de romper con esos patrones sociales es tener presente que, si una mujer crece de manera profesional, nos convertimos en ese eslabón para continuar enlazando una cadena donde todas crecemos por un objetivo en común, al igual que en una competencia de relevo. ¿Cómo apoyarías tú a otras mujeres para ser ese siguiente eslabón? ¿Qué haces por las mujeres de tu entorno más cercano: ¿de tu comunidad?, ¿de tu iglesia, sinagoga o templo?, ¿de tu oficina?, ¿de qué manera les ayudas a ser parte de la cadena?


Como parte de las respuestas a esas preguntas, hoy podemos ser parte de la historia incluyendo a más mujeres en los equipos de trabajo, y en ese mismo espacio de productividad reconocer la importancia de tener una equidad salarial en las empresas y defender nuestros derechos como profesionales; es tener presente que la igualdad, es parte del desarrollo de nuestros países. Tomemos parte de nuestro tiempo para realizar una lista de prioridades con el fin de avanzar en este tema, y evitar caer en discursos vacíos de poco accionar, porque más allá de las estadísticas, es preocupante que en América Latina y el Caribe aún existen grandes brechas en la participación de mujeres en el mercado laboral.


Es una enorme responsabilidad, que tenemos desde nuestros hogares, educar a las presentes y futuras generaciones para avanzar hacia el progreso social. La mujer es una pieza fundamental en ese camino, y en el logro de la igualdad de la que tanto se ha hablado durante años. Tenemos en nuestras manos, el poder de educar y construir una sociedad con igualdad generacional. No podemos pretender que desde nuestros ámbitos profesionales defendamos la igualdad si desde nuestro ámbito familiar no la ponemos en práctica. Todo nace en el seno familiar. Entonces, ¿cómo le inculcas a tus hijos el respeto hacia la igualdad de derechos entre niños y niñas? ¿Qué ejemplos le dan tu pareja y tú diariamente? Recordemos que la teoría es muy importante, pero la práctica lo es más, y es lo que hace la diferencia, entre el decir y el hacer.


Durante todos estos años que he trabajado con diferentes grupos de mujeres he visto y sentido con cada una de ellas sus historias, mujeres que no tienen fronteras a pesar de su estatus migratorio, mujeres libres a pesar de estar cumpliendo una condena tras las rejas y mujeres llenas de esperanza llevando paso a paso un tratamiento de quimio, y a su vez, están nuevas generaciones de mujeres, que a pesar de que viven en un hogar u orfanato, visten de sonrisas el porvenir. Por ello, más allá del rol profesional que sin duda es sumamente valioso, en sus ojos existe esa mujer que irradia una esperanza innegociable, una fuerza arrolladora con ese privilegio de llorar y limpiar sus lágrimas a la vez; esa que sonríe mientras le ahogan los innumerables obstáculos. Una mujer con responsabilidades en el hogar y que se pone los tacones para ir a trabajar; que cuenta con la capacidad de amar, a pesar de los engaños pasados; es persistente pese a las dificultades, y alcanza todo lo que se propone. Por ello, no hay tal sexo débil, nuestro rol en la sociedad es vivir como seres humanos que dejan a un lado sus diferencias, o hacer de esas diferencias nuestras fortalezas para el bien común.


Hoy, como mujer joven e idealista, deseo que al pasar los años, seamos esa generación que continúa los pasos de mujeres líderes de generaciones pasadas que levantaron su voz, una generación que comprende sobre la igualdad generacional, las que hoy continúan dando pasos al progreso social, y que si bien pudimos haber tenido fallas en ese andar, nos volvimos a levantar en este proceso, deseando que las que vienen puedan avanzar hacia otros caminos.


No teman lo que otros digan; el miedo dejenselo a terceros, siempre hacia adelante. Busquen personas que crean en su potencial, porque serán ellos unos grandes mentores para cada una de ustedes.