Columna de SOFÍA CALVO

Fotografía: Igor Valdebenito

UNA REFLEXIÓN DESDE LA REVOLUCIÓN DE LOS CUERPOS


El vestuario, desde tiempos inmemoriales, ha servido como una herramienta de resistencia y protesta para las mujeres, así también como un vehículo de visibilización de sus demandas.


A un mes del estallido social en Chile hemos sido testigos de aquello y hemos observado como poleras y pañoletas nos unen, incomodan y/o desafían. En cada una de ellas hemos encontrado un mensaje que alberga dolores, esperanzas o desconciertos, pero cuya raíz común es una sola: dignidad.


Ese concepto, hace pocas semanas, resultaba etéreo para un segmento importante de la población. Sin embargo, hoy no solo se dibuja con claridad en nuestras mentes, sino también nos obliga a actuar y abandonar la retórica vacía, que muchas veces se apodera de las redes sociales.


En mi 3° libro, "La revolución de los cuerpos " (RIL Editores), sobre moda, feminismo y diversidad, articulo un discurso que creo puede encausar algunas reflexiones que surgen en el seno del momento histórico que vivimos.


Lo anterior porque intento hacerle justicia a aquellas mujeres, que la moda nos ha hecho creer, que son minoría: las de tallas grandes, las mayores de 60 años, las indígenas y afrodescendientes, las con discapacidad y las trans.


Cada una de ellas es ignoradas por esta industria multimillonaria, que ha sido construida bajo el sudor, e incluso la sangre, de muchas trabajadoras textiles. El Indice de Esclavitud Global y organizaciones como "Ropa Limpia" o Fashion Revolution, nos han dado cientos de pruebas acerca de esto.

Pero ¿por qué decidí poner el foco en esas mujeres? La respuesta es sencilla: los privilegiados (me incluyo) tenemos la tendencia a olvidar (lamentablemente) a quienes nos rodean y constituyen la gran mayoría del mundo y nuestro país.


En mi caso, hace tiempo decidí que no las quiero olvidar, sino que las quiero mirar y admirar, y decirles que no están solas, porque sé que pelean por sobrevivir en un sistema perverso que las amenaza, inestabiliza y deprime a través de su propio reflejo, repitiéndoles que "no son suficientes".


Yo también he sentido aquello, pero he tenido la suerte de rodearme de personas y de convicciones que me han ayudado a identificar esa trampa visual y me han permitido convertir a la ropa y mi cuerpo en mi aliado e instrumento de activismo.


Estos tiempos de reflexión son oportunidades únicas para encausar las energías y priorizar agendas olvidadas o postergadas.


Yo abracé el feminismo, la moda y la sustentabilidad como bandera de lucha, convencida de que hoy, más que nunca, “lo personal es político”.


¿Te sumas a esta revolución?