Columna de SELMA NUNES

Presidenta de OMECH (Mujeres Empresarias de Chile). Vice Presidenta de la Cámara Chileno Brasileña de Comercio. Representante del IBREI en Chile. Abogada brasileña.


AUTONOMÍA ECONÓMICA DE LAS MUJERES: UN FACTOR CLAVE PARA EL DESARROLLO DE UN PAÍS

Si bien desde hace mucho tiempo que las mujeres estamos en la palestra por exigir nuestros derechos y defender la igualdad, en esta columna me quise salir un poco de este tema y referirme al fundamental aporte que hacemos para la economía de un país.


En este sentido, somos un factor clave y claramente influyente para impulsar este motor económico, a través del trabajo y del emprendimiento, actividad que se viene hablando hace ya muchos años, pero que ha tomado fuerza en el último tiempo. De hecho, con la contingencia generada en 2020, muchas mujeres, que fueron desvinculadas de sus trabajos, tuvieron que reinventarse rápidamente para seguir subsistiendo.


Y si bien un gran número de ellas ingresó al mundo empresarial, logrando su autonomía económica, aún estamos con un bajo porcentaje.


No obstante, este desafío no se vuelve nada de fácil considerando las grandes responsabilidades que deben cumplir las mujeres en distintos ámbitos de la vida cotidiana. La gestión del tiempo entre las labores familiares, de trabajo, domésticas y personales, es un factor que claramente conlleva limitaciones. A esto se suma la falta de redes de apoyo, volviéndose crucial esta tarea para las organizaciones de mujeres que luchan por un cambio de mentalidad, así como por la generación de más oportunidades para ellas.


En este contexto, una de mis responsabilidades a nivel laboral es presidir la organización de mujeres empresarias de Chile (OMECH), la cual tiene como objetivo principal conectar a las mujeres empresarias y emprendedoras con la red global de FCEM, creada en 1945. Esta entidad pionera en el mundo opera en más de 120 países y con más de 5 millones de empresas en todo el mundo.


Nuestra misión es explorar las oportunidades de negocio, contribuyendo a un rol más protagónico e influyente de la mujer en el mundo del comercio internacional, cuya participación aún es baja.


Además, enfocamos en la red mundial las diferentes culturas practicadas en el rubro de los negocios, aprovechando el capital de las experiencias principalmente al momento de explorar nuevos mercados.


Como conclusión, las mujeres somos un factor elemental de la reconstrucción y nuestra autonomía económica es un gran motor para el aumento del producto interno. Sin duda, hay mucho espacio para el crecimiento de la fuerza exportadora femenina si contamos con más mujeres preparadas y una política comercial más equitativa. Además, falta una economía más inclusiva, mediante empresas más integradoras para generar el impacto social esperado.


Y como país tenemos la tarea pendiente de abordar este tema desde lo público y lo privado de forma colaborativa y transversal en todas las políticas de recuperación para un cambio significativo que permita incrementar su empoderamiento y liderazgo.