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Columna de PAMELA GIDI

Consultora Internacional y Directora de Empresa, MBA UCLA


LO QUE TE SUCEDE NO TE DEFINE.


Hoy no voy a hablar de cosas lindas ni logros. Voy a contarte de mi camino para enfrentar dificultades.


Cada año tiene cuatro estaciones que reflejan también los ciclos por lo que cada humano pasa múltiples veces en la vida.


La felicidad consiste creo en saber gozar y agradecer tus estaciones favoritas y saber administrar las dificultades, mis inviernos, teniendo certeza absoluta de que siempre volverá a llegar el sol de verano.

 

Sufrí cosas fuertes en mi infancia. ¿Y al principio me pregunté por qué a mí, por qué?  Después tuve la fortuna de poder hacer trabajo social desde muy jóven. Y eso me cambió la perspectiva. Me hizo conocer gente que me miraba a mi como afortunada y en realidad, comparadas con la de ellos, mi vida era pura fortuna.

 

Eso me forzó bastante a salir del egocentrismo, y aprender a tener una mirada mucho más amplia y relativa de todo y dejar de sentirme víctima, dejar de compararme con otros con una vida aparentemente más fácil y dejar de rebelarme a no tener control de ciertas cosas. Sin saberlo, esa experiencia me preparó para grandes sufrimientos que vendrían después, cáncer, infarto cerebral, estar en coma, tener que aprender a caminar y hablar de nuevo a los 45 años y para afrontar un muy difícil divorcio que se extiende por más de 5 años.


Quiero entonces hoy compartir, un pedacito de esa sabiduría que trae, intentar mantenerse erguida en invierno y cosechar gozando las frutas del verano.


Lo primero es aceptar en lo más profundo, que no tenemos control de que nos pase, sólo de lo que hago y de quien elijo ser. Lo que aceptas, te transforma, lo que niegas te somete, decía Carl Jung.

 

La vida está llena de matices y situaciones, de giros inesperados, decisiones y obstáculos que debemos superar. Nadie se escapa de esto. Sin embargo, una misma situación puede ser un proceso de fortalecimiento y fé para una persona, de la que emerge más fuerte y resiliente, aunque no sea fácil. Para otra, esa misma circunstancia puede convertirse en una verdadera desgracia, una carga tan pesada que la hunde en la depresión, la desesperación, la queja, la tristeza, el odio y el resentimiento. Todo depende de cómo lo enfoquemos.


Lo importante no es lo que nos sucede, sino cómo reaccionamos ante esas situaciones. Es nuestra actitud, nuestros pensamientos y palabras a nosotros mismo y a otros los que determinan cómo manejamos y superamos las vicisitudes que la vida nos presenta.

 

Reflexiona. ¿Qué aprendes de lo que está pasando que te haga estar más preparada para la próxima vez?

Viktor Frank decía: "Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos".

Cambia sus prioridades y dedica más tiempo a lo que realmente es importante en esta corta vida como humanos.

 

Los chilenos son especialmente proclives a opinar y juzgar la vida de otros.

Aprende a que lo que los demás hagan o digan no te afecta si no le das ese poder.

 

Agradece, agradece, agradece. 

 

Decreta.

En la cama de la unidad de tratamiento intensivo después de mi segundo infarto cerebral inmóvil y entubada para poder respirar, decreté que volvería a correr en el parque y cuando me apoderaba la desesperación de mi cuerpo inmóvil, me imaginaba corriendo en el parque feliz y plena, día tras día. 

 

Deja de rumear tus problemas. A lo que le das foco crece, lo que resistes persiste, sal de ahí.  

 

Yo me doy permiso para sentirme triste, máximo un día y decreto que mañana saldrá mi sol interior. Salgo de ahí, forzándome a hacer algo que me de alegría o placer a uno de mis cinco sentidos o corazón.


No esperes tener ganas. Ejerce un acto de voluntad. A mi acercarme a la naturaleza nunca me falla. Recuerda que tus pensamientos generan sentimientos, así que contrólalos. Recuerda que tus palabras crean realidades, así que elígelas conscientemente.

 

Si puedes, adopta una mascota recogida. Yo nunca había tenido un perro, pensaba que iba a ser más preocupaciones. Y si son trabajo, pero nada comparado con experimentar el amor incondicional, desinteresado que recibo, sacándome sonrisas aún cuando estoy triste.

 

Elimina tus expectativas. No esperes nada de nadie. ¿Esto te parecer fuerte?

Cuando estés verano, con un gran trabajo, con salud y riendo por la vida tendrás decenas de amigos, yo tuve cientos cuando era vicepresidenta de una gran multinacional, pero cuando llega tu invierno, si tienes un puñado eres afortunada, así que atesóralos, hazlos sentir especiales y cuídalos.  Las personas que estuvieron contigo en verano y ya no están, no son malas personas, cada uno tiene sus propias cargas y problemas, nadie te debe nada. Agradéceles en tu corazón esos momentos juntos y déjalos ir deseándoles lo mejor.

 

Un jefe querido me regaló un gran aprendizaje. “Por la vida hay que andar libre de equipaje”. Libérate de tus malos recuerdos, ahuyenta pensamientos que te tiran para abajo, borra todas esas expectativas no cumplidas. Anda livianito, andarás más rápido, mejor, y más lejos.

 

Cada día elige conscientemente hacer algo para otro, regalar tiempo, esfuerzo, escuchar a alguien en problemas, una sonrisa a un corazón triste, créeme, te hará sentir mejor. Y mejor si es a otra mujer. La sororidad se multiplica con creces.

 

Respira profunda y conscientemente.

Prueba distintas técnicas, hay miles en internet. A mí me calma una frase de Louise Hay que aprendí cuando estaba hospitalizada. “Estoy a salvo. Vienen cosas lindas para mí”. Esta frase me aleja de la sensación de que el mundo es un territorio hostil y me lleva a un lugar de esperanza y paz.

 

Porque luego de las grandes pruebas siempre podemos decir que somos más fuertes que descubrimos tener aptitudes que no sabíamos que podíamos desarrollar. Entonces, todo pasa para algo y siempre sale el sol, siempre descubrimos ese para qué de todo lo vivido.

 

Depende de ti. Nada de lo que sucede te define.

 

De corazón espero que compartir estas palabras, te haya sido útil, aunque sea un poquito.










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