Columna de MARÍA ISABEL MUÑOZ

Directora Ejecutiva en RED América. Periodista. Magíster en Comunicación Estratégica de la Universidad Adolfo Ibáñez. Integra el Directorio de la Cámara de Comercio de Asia Pacífico, y el Directorio de la Asociación de Ética Empresarial y Organizacional. Es miembro del Comité Editorial de Diario Sustentable y Socia Fundadora de FI Consultores. Actualmente asesora a empresas e instituciones en asuntos estratégicos.

ENTRE MIEDOS Y PELIGROS


Los días que vivimos ciertamente han superado toda simulación o fantasía. Pareciera que fue ayer el día en que vimos derrumbarse el Muro de Berlín, el desplome de las Torres Gemelas, o el colapso de los mercados globales, aquella mañana gris cuando la burbuja hipotecaria en los Estados Unidos no aguantó más detonando el fatídico colapso en los portafolios de bancos de inversión, y con ello la Crisis Financiera del 2008.


Por estos días, el desquicio del encierro me ha hecho desempolvar viejas teorías como el “Choque de Civilizaciones” cuando Samuel Huntington le respondía a Fukuyama; repasando libracos como el “Colapso” de Jared Diamond, o “Una Verdad Incómoda” de Al Gore; como si el intento pudiera obtener algunas luces para entender este mega-proceso y complejo tiempo. Irónicamente, Francis Fuyukama alguna vez dijo que el mundo se aproximaba al fin de su historia -en sentido hegeliano, por supuesto- convencido que en el futuro el choque de civilizaciones dominaría la política global y que precisamente a partir de las fallas entre estas fuerzas, se producirían los nuevos frentes de batalla del futuro. Naomi Klein -autora nada menos que de la “doctrina del shock”, en su título anduvo algo más cerca cuando escribió “Esto lo Cambia Todo”, sólo que en su libro se refería al capitalismo contra el clima.


Si bien el peligro puede adquirir una importante significación en cuanto nos activa y pone en estado de alerta (biofilia), el miedo en cambio a menudo nos paraliza. En nuestro caso y para colmo, sucede que pisamos en Chile un territorio del todo inestable; tal vez nuestra accidentada geología sea el fiel reflejo de nuestra propia fractura histórica y social. Antes de octubre pasado, sabíamos que algo no andaba bien, pero también brillábamos, y ese resplandor nos obnubiló un buen rato. Tras el Estallido, iniciamos un verano temeroso y atípico con aires amenazantes de lo que se venía o no para marzo. Por cierto, el 2020 no venía fácil, y mientras el comercio y las fachadas de la ciudad se preparaban con protecciones y parapetos para lo que seguramente sería un batalla campal, pocos cayeron en cuenta que la detonación biológica identificada (hasta ahora) en Wuhan, se esparciría en tiempo record al mundo, usando la propia capilaridad y carreteras de la Globalización.


Dicen que el sólo “temor de un mal ha puesto a muchos en verdadero peligro”, y aquello también lo hemos visto en casos tan ridículos como irreflexivos. Vivir el miedo es lo esperable, especialmente cuando no se está preparado, para enfrentar un tránsito distinto “sin pendientes y sin culpas”, o para hacer frente a la nueva realidad asumiendo las pérdidas, en la disposición que tal vez ha llegado el momento de hacer todo distinto, incluyendo el perdón y el olvido. Mientras recién serpenteamos la curva amenazante del COVID, para algunos se vuelve probable que la ecuación de cesantía + crisis económica pudiera gatillar la ocurrencia de un “2º Estallido”, mientras el mundo testea vacunas o se prepara, en el peor de los casos para la “2ª Ola de contagios”. Que NO nos paralice el miedo, preparémonos sí para la nueva transición, que demandará de todos nosotros un acto generoso de aceptación y disposición hacia lo importante, lo urgente y lo nuevo.


¿A qué temer entonces?...nada más que al mismo miedo!