top of page

Columna de MARCELA SABAT

hace 10 minutos
2 min de lectura

Fundadora de Woman and Equalitys/ Vicepresidenta en Miradas Compartidas/ Ex Senadora RN/

TED speaker.


LO QUE CONSTRUIMOS: EN LO COTIDIANO



Hace unos días volví a la Cámara de Diputadas y Diputados, un lugar que fue parte importante de mi vida. Caminé nuevamente por sus pasillos, recordé momentos, conversaciones y años intensos en los que tuve el enorme honor de representar a los chilenos.


Pero lo que más me emocionó no tuvo que ver con los discursos, las leyes ni los grandes hitos. Fue algo mucho más sencillo: el cariño.


Me encontré con funcionarios, excompañeros de trabajo y colaboradores con quienes compartí durante años. Personas que se acercaron a saludarme, a abrazarme, a recordar alguna anécdota. Y mientras volvía a mi casa pensé en algo que muchas veces olvidamos en medio de las exigencias profesionales: qué importante es cómo hacemos sentir a las personas con las que trabajamos.


No como una carga más dentro de lo laboral, ni como una tarea adicional que debemos cumplir, sino como parte de lo que ocurre todos los días. De cada conversación, de cada saludo, de la forma en que escuchamos, reconocemos o acompañamos a quienes comparten con nosotros una etapa de trabajo.


Pasamos buena parte de nuestra vida trabajando. Cumplimos objetivos, asumimos responsabilidades, enfrentamos dificultades, celebramos resultados y perseguimos nuevos desafíos. Pero ninguna experiencia laboral se construye solamente a partir de los logros. La construyen también y, quizás principalmente, las personas y los vínculos que formamos.


Con los años he entendido que una buena relación laboral no significa estar siempre de acuerdo. He trabajado en espacios donde las diferencias son parte cotidiana de la tarea. Significa respetar, escuchar, reconocer el trabajo del otro, agradecer, generar confianza y entender que detrás de cada cargo existe una persona con su propia historia.


Y eso cambia completamente la experiencia. Lo digo también por contraste: he estado en lugares donde el trato no es el mejor, donde falta consideración o reconocimiento, y la diferencia se siente. Se nota en el ambiente, en la motivación y en la forma en que las personas viven su trabajo. Son lugares a los que, probablemente, no volvería con la misma disposición ni con el mismo cariño.


También cambia nuestra manera de liderar. Porque liderar no es solamente conseguir resultados. Es construir ambientes donde las personas puedan desarrollarse, sentirse valoradas y saber que su aporte importa, sin importar el cargo, la función o el lugar que ocupen dentro de un equipo.


A veces creemos que los vínculos se construyen en grandes momentos. Sin embargo, la mayoría de las veces nacen de gestos simples: preguntar cómo está alguien, ofrecer ayuda, compartir una experiencia, reconocer un esfuerzo o estar presentes cuando las cosas se ponen difíciles.


Volver a la Cámara me recordó algo muy simple: en medio de las metas, las responsabilidades y las urgencias, es fácil olvidar lo esencial. Los vínculos no son un elemento secundario de la vida laboral. Son parte importante de ella.


Los cargos cambian. Los proyectos terminan. Las oficinas quedan atrás y llegan nuevos desafíos.


Pero la manera en que tratamos a las personas permanece.


Y quizás una de las mejores formas de medir nuestro paso por cualquier lugar sea poder volver años después y descubrir, con enorme gratitud, que el cariño sigue intacto.


@womanandequialitys

@marcelasabt



 
 
 

Comentarios


bottom of page