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Columna de LORENA LOBOS

Directora Estratégica y Ejecutiva. Fundadora de Motor Propio/Consultora dedicada al diseño de estrategia, transformación de servicios y creación de alianzas entre empresas, academia y sector público–privado/ Ingeniera Comercial y Magíster en Innovación (UC), con formación en liderazgo y psicología para el alto rendimiento (MIT y Stanford).


DELFINES, TIBURONES Y SERPIENTES : EN EL LIDERAZGO



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En los espacios de poder y liderazgo no todas las personas juegan el mismo juego. Algunas se mueven desde la colaboración, otras desde la competencia directa, y otras desde una lógica más imprevisible, guiada por la supervivencia.


A lo largo de mi trayectoria profesional —y con un año de mi consultora en rodaje— he observado cómo estas dinámicas se repiten una y otra vez.


Personas que mantienen su identidad más allá de los cargos, y otras que se transforman a medida que la jerarquía las respalda. Vínculos cordiales que duran lo que dura el poder, y liderazgos que se sostienen incluso cuando el escenario cambia.


Para entender estas diferencias, recurro a una metáfora que me acompaña hace tiempo: delfines, tiburones y serpientes.


Los delfines representan la colaboración genuina.

Construyen redes complejas, cooperan estratégicamente y entienden que el beneficio individual crece cuando el grupo también lo hace.

No se trata de ingenuidad, sino de inteligencia colectiva aplicada.


De hecho, los delfines colaboran con una lógica muy clara:

• Coordinan movimientos sin una jerarquía rígida, leyendo constantemente al grupo.• Buscan cardúmenes grandes, porque entienden que el esfuerzo colectivo se justifica cuando el beneficio también lo es.• Sostienen el proceso hasta agotar la resistencia, sin competir entre ellos por el resultado.• Comparten el beneficio, sin necesidad de definir un ganador único.• Aprenden del grupo y ajustan su estrategia, fortaleciendo la inteligencia colectiva.


Los tiburones, en cambio, encarnan la competitividad directa: foco en la meta, avance individual y resiliencia extrema. No es una forma errada de existir; de hecho, han sobrevivido más de 400 millones de años gracias a esa lógica.


Las serpientes representan otra estrategia: la adaptación imprevisible. Se mueven por instinto, cambian de dirección rápidamente y priorizan la supervivencia antes que la cooperación sostenida.

La ciencia respalda estas diferencias. Cada uno de estos modelos ha sido exitoso en su propio contexto. La naturaleza nos muestra que hay múltiples formas de sobrevivir, adaptarse y prosperar.


Pero en el liderazgo —como en la vida— la pregunta no es solo cómo avanzar, sino quiénes elegimos ser mientras avanzamos.


En un mundo lleno de reconocimientos, métricas, estrellas y nuevas oportunidades, no siempre es fácil sostener una identidad colaborativa. Aparecen el micromanagement, la competencia encubierta, los colmillos de quien parecía aliado y no lo era. Frente a eso, detenerse a mirar no es ingenuo: es estratégico.


¿Desde qué lógica quiero ejercer el poder?¿Desde dónde quiero construir mis vínculos?


En lo personal, he elegido seguir siendo un delfín colaborativo. No porque sea el camino más fácil, sino porque creo —y he visto— que ampliar la torta genera más valor que pelear por una porción más grande.

La metáfora no busca clasificar personas, sino abrir una reflexión. Porque, al final, más allá del entorno o del rol que ocupemos, siempre estamos eligiendo cómo ejercer la influencia.

Y esa elección, silenciosa pero constante, termina definiendo el tipo de liderazgo que dejamos como huella.


Y tú, ¿qué eliges ser hoy?



 
 
 

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