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Columna de LAURA MOLINA

Lic. en Psicología - Coach;Integrativo, Neurolinguístico,Ontológico y Lúdico/ Corporal-Certificación Comunicación No Verbal


DESDE MIS SOMBRAS HACIA LA LUZ


¿Te has preguntado alguna vez qué son tus sombras y qué verdaderamente significa encontrar tu luz?


Es difícil definirlo, y por el camino de crecimiento personal que he recorrido, me atrevo a decir que cada uno vive sus luces y sus sombras de una manera completamente distinta, de acuerdo a su historia, sus creencias y sus habilidades emocionales.

Sin embargo, paradójicamente, esas sombras, que tienen que ver con nuestras heridas, terminan siendo universales y no hay ser humano que se escape de ellas. La diferencia está en cómo cada uno las vive.



Me presento, soy Laura Molina, tengo 60 años, soy argentina, nacida en Mendoza, un lugar en el mundo al que siempre regreso, porque son mis raíces, mis orígenes. A los 15 años me trasladé a vivir a Buenos Aires, y allí comenzó una aventura que al principio fue un poco dura, pero que luego, en el presente, puedo decir que es lo mejor que me pudo haber pasado. Llegar a una gran ciudad donde el ritmo de vida era muy acelerado y donde tenía que lograr defenderme como podía, fue un gran desafío y, a la vez, un gran aprendizaje para mí. Buenos Aires, me mostró una cantidad de posibilidades que podía tomar para crecer y, a la vez, hacerme fuerte, empoderarme. Sin embargo, también conocí el instinto de supervivencia, tratando de hacerme ver en un lugar donde si bien las luces pueden llegar a deslumbrarnos, depende de uno mismo "hacerse visible". Me detendré un segundo en estas dos palabras, ya que, con los años, decir "aquí estoy" era fundamental, no solo para subsistir en esa gran ciudad, sino que también para la existencia misma, de valorarse y de hacerse escuchar.


Mi primera profesión, de la que me enamoré y aún sigo enamorada, es ser Profesora de Educación Física, carrera que terminé muy joven y que me permitió adentrarme en el mundo laboral casi siendo una niña. Siento que fue una carrera que me definió en aquel momento y que aún lo sigue haciendo. No imaginé jamás que el trabajo del cuerpo y el haber conectado toda mi vida con el movimiento iba a ser para mí tan importante y que, en definitiva, marcó el camino que posteriormente iba a seguir recorriendo.

Luego, me formé como Entrenadora de Natación, lo que me permitió trabajar en el Club River Plate entrenando al equipo. No imaginaba en ese momento con qué me iba a sorprender el universo y el devenir de los años. Al año siguiente, ingresé a estudiar Psicología en la Universidad de Buenos Aires. No me pregunten por qué, era algo que me nacía del corazón y, más específicamente, de mi instinto. Tuve una formación psicoanalítica, y para ser sincera, no sabía si esa iba a ser mi profesión definitiva. De hecho, cuando finalicé y empecé con las prácticas, no era el espacio en el que me sentía más cómoda, aunque estudiar la carrera me había encantado. Algo me decía que mi camino no era ejercer la clínica.


Yo continuaba con mi pasión que era dar clases, aunque siempre sentía que necesitaba algo más.

Hago un paréntesis aquí porque si hay algo que siempre me caracterizó y que  agradezco enormemente es escucharme y seguir por el camino que me causaba placer. Nunca hice nada que para mí fuera algo que no sintiera; mi estómago, mi guata, como se dice en Chile, me hablaba y yo la escuchaba y la seguía. Ahora, de adulta, siento que eso me permitió ir fortaleciéndome. Yo había tomado el camino más largo, ya que veía cómo mis amigos y compañeros hacían foco en lo que habían estudiado e iban creciendo , afianzándose en sus trabajos. Mi rumbo, sin embargo, siempre era hacia adelante, un poco más disperso que el resto de las personas, en la búsqueda de algo más, quizás tratando de encontrarme en cada una de las cosas que hacía, tratando de definirme bajo la pregunta: ¿quién soy?


Con los años, me fui adentrando en el maravilloso mundo del coaching. Entré como en un túnel donde mi fascinación era tal que estudiaba todas las certificaciones que me ofrecían y me aparecían en las redes. Entre ellas, Coaching Integrativo, Coaching Neurolingüístico, Coaching de Equipos, Team Building y Coaching Ontológico. Y es aquí justamente donde me quiero detener, en la Ontología. Muchos me preguntan qué es. La Ontología es el estudio del ser, y el coaching ontológico es acompañar a las personas a descubrir otras formas de ver o de vivir la vida, para cambiar su observador. ¿Por qué hago especial hincapié en esta definición? Porque allí realmente, a mis 50 años, pude empezar recién a contestarme la pregunta anteriormente planteada. ¿Quién soy? Allí entendí cómo todos en forma equivocada  vivimos la vida desde el HACER, para luego después TENER y allí SER y así definirnos desde lo que tenemos. Cuando empecé a darme cuenta de que primero y antes que nada tenía que SER, para luego HACER y después TENER, se me cambiaron totalmente los paradigmas de mi vida. Obviamente, todo ello implicaba otro trabajo más desafiante, que era nuevamente el de empezar a descubrir quién era esta verdadera Laura, que hasta ahora y sin darme cuenta parecía ser desconocida para mí. Este fue un arduo trabajo, de luces y muuuchas sombras. Reencontrarme con aspectos míos que el Ego muchas veces no me dejaba ver, y que me enceguecía, no me gustaba en lo más mínimo. Las sombras me demostraron y aún me demuestran que no era tan buena como yo creía que era, que tenía lados oscuros que los tapaba continuamente, que era tan humana y a la vez tan egoísta como yo veía a los otros. Lo que yo veía y sentía era nada más que el reflejo de mi propia imagen, de ese espejo que me mostraba día a día lo que era y que no me animaba (o no quería ver).

Tuve que aprender a nadar en un mundo de incertidumbres, preguntas, reacciones rabiosas; llegué a discutir y pelear con mucha gente buscando mi identidad. Era una forma de poner mis propios límites, de cuidar mi espacio y de protegerme. Buceaba en un mar de sombras, y a la vez yo sabía que no me iba a ahogar, que iba a salir a flote, que la tempestad terminaría. Y así fue, en algún momento comencé a ver un hilo de luz y junto con ella empecé a sentir un poco de tranquilidad.


Antes de continuar con esta reflexión en paralelo de las luces y las sombras, no solo mías, sino de la humanidad toda (ya que cuando entendemos que el universo es un perfecto equilibrio de luces y sombras, nuestra visión de la vida se expande), quiero hacer un alto. Y tiene que ver con un alto (valga la redundancia) que tuve en mi vida profesional, cuando a los 31 años tuve que renunciar a todo lo que había logrado profesionalmente, lo cual había logrado con mucho esfuerzo, para seguir los pasos de mi marido y apoyarlo a él en sus sueños profesionales. De lo cual no me arrepiento, ya que con el tiempo me di cuenta de que seguía sumando aprendizajes a mi caja de herramientas, sin saber que todas esas experiencias me iban a ayudar posteriormente en todo lo que yo siempre había soñado hacer. Viajamos por el mundo, salimos de Argentina con una hija y luego nacieron dos más, y yo veía cada vez más lejano mi objetivo de desarrollarme en todo aquello para lo cual me había preparado. Casi diría que había perdido la esperanza. Sentía que mi misión en esta tierra era seguir secundando a mi marido y criando a mis hijas.


Sin embargo, mi espíritu de seguir aprendiendo y seguir creciendo hacían que, en cualquier lugar del mundo donde yo estuviera, continuara estudiando y formándome. Esa alma de niña curiosa y alegre nunca la perdí. Siempre me identifiqué mucho con Perséfone, la diosa griega que representa el arquetipo de la niña curiosa. Una vez ya viviendo en Chile, mis hijas crecieron, se hicieron adultas, y ya no necesitaban tanto de mí (debo aclarar que no tenía apoyo de abuelos o tíos porque obviamente vivían lejos, con lo cual dediqué muchos años a su crianza), y a medida que las veía crecer y convertirse en tres bellas mujeres, de las cuales no puedo estar más orgullosa, me empecé a encontrar con un tiempo libre al cual nunca había accedido. Y es aquí donde quiero mostrar mi corazón al desnudo. Me empecé a encontrar con una Laura adulta, con experiencia, madura, y que además había aprendido mucho de la vida por las situaciones vividas que me habían marcado. Imaginarán que habiendo llegado a la sexta década son muchas, entre ellas, resiliencia, tolerancia, fortaleza, aprender a pararme sobre mis pies, ser estable, tener más claros mis límites y el poder decir que NO a otros. Estaba completamente sorprendida de quién era, o mejor dicho, de quién había llegado a ser. El haber estado tanto tiempo de mi vida cuidando de otros me había hecho olvidarme totalmente de cuidarme a mí misma y resulta que ahora tenía un montón de tiempo para dedicarme y tenía que empezar a aprender cómo.


Había otra palabra que me rondaba en la cabeza. Esa palabra me resonaba todo el tiempo. Se las presento, la Confianza. ¿La escucharon alguna vez? Era una palabra que yo disfrazaba de Miedo, siempre le echaba la culpa al Miedo de todo aquello que no podía hacer, y sí, quizás era cierto, esa emoción era real, no me dejaba avanzar, me mantenía segura en mi zona de confort, y a la vez yo me daba cuenta de que había algo más. El “no me animo”, “no voy a poder”, “los otros lo hacen mejor que yo”, “todavía me falta formarme más”, “aún no estoy preparada”, frases que me resonaban (¿a alguien más le pasa?) y que no sabía cómo acallarlas, sin darme cuenta de que era una linda excusa para no empezar nunca. El “algún día lo voy a hacer” era mi carta de presentación. Lo que yo no sabía y no tenía idea es que detrás del Miedo, estaba agazapada y escondida la Confianza. La confianza en mí misma, la confianza en los otros, parte de mis inseguridades más profundas, y la pregunta ¿por qué me pasa esto? (¿les suena?). Es el día de hoy que sigo batallando con la confianza en mi persona, pero ahora camina de mi mano, la llevo a mi lado, y la impulso para que demos el paso juntas. Es como un fantasma que sé que va a volver a aparecer, y aun así la quiero, porque me enseña, me acompaña, me guía; el miedo y la confianza me indican cuál es el camino. Y a la vez aprendo que soy más humana que nunca, que me encanta encontrarme con mi desconfianza, para alentarla, e impulsarla para seguir y, lo más importante aún, darme cuenta de que puedo hacerlo, solo basta intentarlo. No imaginan el orgullo que invade mi alma, cumplir mis sueños aún con mis inseguridades y miedos, somos un equipo.


Con el tiempo, llegué por casualidad a las Constelaciones Familiares, otro amor, otra pasión, otra forma de ver la vida, otra verdad que descubría y que tenía que ver con mi historia, y esta vez no solo con la mía, sino también con la de todos mis ancestros. Descubrí que muchas inseguridades como las que mencionaba anteriormente, la desconfianza en mí, miedos, rabias y estancamientos en mi vida, no me pertenecían a mí, eran parte de un alma familiar, inconsciente, que yo estaba sanando heridas de ancestros que no habían podido sanar, y que hay ciertas lealtades en las familias que nos hacen comportarnos del modo como lo hacemos. Otro círculo más que iba cerrando en mi vida, conocí lo que es la aceptación, el comprender que todo aquello que le reclamábamos a nuestros padres y abuelos tenía que ver con una actitud de apertura hacia aquello que ellos no habían podido hacer ni cumplir. Y nuevamente, creo que es necesario contarlo, para sanar, y saber que también es parte de mI recorrido. Era el paso necesario que debía dar, las constelaciones me permitieron realizar ciertos movimientos del sistema familiar que decantó en que valorara mi trabajo, lo pudiera cobrar (nunca había podido valorar mi trabajo), y por lo tanto le diera valor a mi persona, confiara en mí.


Obviamente, me he saltado muchos pasos en mi camino que no me alcanzaría el tiempo para contarlo en esta columna, simplemente quería resaltar algunos, que confío pueden ayudar a tantas otras mujeres a animarse, a dar el paso, a buscar ayuda en un coach, en un psicólogo, o simplemente en alguien que esté dispuesto a escuchar y acompañar en éste camino pedregoso a veces, alguien que ayude a alisarlo, dejarlo transitable y lo más importante aún darse cuenta que la primera ayuda se debe buscar es uno mismo, quererse, abrazarse, acompañarse, entenderse y no ser tan duros con aquello que vamos siendo.


El poder de la compasión es necesario para entender y empatizar con nosotros mismos.

Y bien, uds se preguntarán que es de mi vida al día de hoy?

Hoy soy una mujer, que aprendió a pararse sobre sus propios pies; que no le teme a la equivocación (que son muchas), que aprendió a reírse y convivir con ellas; que sabe decir NO ante muchas situaciones que entendió que poner límites era prioritario (aunque en ocasiones aún me sigue costando); que se expone y da charlas aunque le de verguenza, que aprendió a mostrarse segura aunque el miedo a veces esté por detrás, ya que aprendí a hacer las cosas CON miedo y CON inseguridades, y que goza plenamente de lo que hace (amo todo lo que hago)


Escuché a las personas cuando iban a mis talleres, y me decían, “Laura, muestra tu luz”, y yo recuerdo decir “¿y qué es eso?. Con el tiempo mis hijas comenzaron a llamarme Sunshine, porque según ellas me veían brillar. Les encanta que haga lo que hago. Talleres, cursos, constelaciones, charlas a grupos, empresas y todo aquel que requiera mis servicios para trabajar en su bienestar y en su gestión emocional. Trabajo también desde el juego con adultos, herramientas que me dio mi primera carrera, desde el Teatro y desde el cuerpo y el movimiento, del cual no nos debemos olvidar. El cuerpo muchas veces dice lo que la boca calla.


Creé mi propia comunidad, llamada Movimiento al Alma, donde hacemos reuniones quincenales, para trabajar en todo lo que a bienestar se refiere desde una continuidad y una mirada holística, donde cuerpo, mente y emoción tienen un lugar. Tengo creados varios talleres de mi autoría. Le di forma a mi logo y a mi marca, algo que para mí era impensable, ya que no sabía cómo hacerlo, busqué ayuda (no dejen de hacerlo), aprendí de otros que van más adelante que yo (otro tip). Les cuento que mi logo tiene un sol por Sunshine y las letras tienen movimiento, porque de alguna manera es lo que me define el moverse, el cuerpo, por último, el nombre de mi comunidad Movimiento al Alma tiene un doble sentido, por un lado se refiere a las Constelaciones Familiares y el movimiento a nuestro alma, y además es el movimiento de nuestro cuerpo en el intento de hacerse ver y escuchar.


Quiero agradecer enormemente a la Comunidad de Mujeres INfluyentes, el haberme invitado a escribir esta columna, a Fabiola Olate que siempre me ha impulsado a seguir creciendo, con su dulzura, su calidez y su empatía. Mujeres INfluyentes me ha brindado un espacio, donde siempre me han recibido con los brazos abiertos, y me he sentido muy acogida. El generar espacios de encuentro, permite crear redes, relacionarse en un espacio de colaboración, e impulsa al desarrollo personal. Destacar la enorme y gran labor que realizan continuamente, siendo tremendamente solidarias y con una gran conciencia social, ayudando a niñas y mujeres vulnerables a lo largo de todo Chile. Expresar mi agradecimiento por permitir que mujeres como yo, tengan un espacio de crecimiento, expansión y puedan salir a la luz.

Hablando de luces y sombras, para darle un cierre a aquello con lo que inicié esta columna, sólo decirles que crean en su luz, que todas las mujeres brillamos, e iluminamos a otros, y abracen a sus sombras, que tanto enseñan, las sombras de alguna manera también vienen a iluminar nuestro camino aunque no lo parezca.


Darse cuenta de una vez que de eso se trata la vida, simplemente de un justo equilibrio.

 

GRACIAS!!!

 

Laura Molina

@coah_lauramolina

(mi enlace para el grupo de Whatsapp- Movimiento al Alma)

 

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