Columna de GRACIA DALGALARRANDO

Founder & CEO WoomUp. 100 Mujeres Líderes 2017-2018. Master of Public Administration Columbia University


LA LIBERACIÓN DE LOS SESGOS

Hace poco fui mamá por primera vez. Ha sido una experiencia maravillosa y llena de alegrías, pero la cantidad de situaciones cargadas de sesgos que hay que enfrentar me ha sorprendido enormemente. Incluso antes que naciera, me felicitaron porque la guagua era mujer: “Es que las mujeres son más cariñosas que los hombres”, “vas a tener a alguien que te va a cuidar” o “los hombres son menos apegados”.


Se trata de sesgos inconscientes o “atajos mentales”, con que el cerebro reacciona para definir una situación, persona o grupo. Están basados en lo que se nos ha enseñado o hemos interpretado de la realidad, a partir de nuestros valores, educación y vivencias. Muchas veces tienen su origen en prejuicios o estereotipos.


Por eso usamos distintos adjetivos para caracterizar a las niñas y a los niños, diferenciándolos. Ser analítico “es de hombres”; en cambio las niñas son “pacientes, encantadoras y trabajadoras”. Estas ideas preconcebidas van quedando en la identidad individual y colectiva, influyendo a la larga en las decisiones de las personas. De hecho, un estudio de las universidades de Nueva York, Illinois y Princeton publicado en la revista Science, reveló que las niñas entre los 6 y 7 años ya eran mucho menos propensas a asociar la brillantez con su propio género femenino.


Después en el trabajo, a las mujeres también nos cuelgan etiquetas, como ser “buena”, “conciliadora” o “servicial”. Rara vez somos catalogadas como “líderes”. Muy probablemente, a causa de estos estereotipos de género a los que nos vemos expuestas desde pequeñas, somos más proclives a experimentar el “Síndrome del Impostor”.


Este fenómeno nos impide internalizar los logros profesionales que alcanzamos por nuestro esfuerzo o mérito, haciéndonos sentir precisamente como impostoras. El logro sería por error o suerte, pero no por nosotras. Las psicólogas clínicas Pauline Clance y Suzanne Imes lo postularon en 1978, luego de años trabajando con mujeres con historiales de éxito académico y laboral que, paradójicamente, no se describían a sí mismas como exitosas y vivían constantemente con una sensación de falsedad.


Para combatir este autosabotaje en el que caemos inconscientemente, es crucial contar con más mujeres que puedan influir en nosotras y que ya hayan pasado por esto. Una figura como un ejemplo a seguir o una mentora, quien a través de su experiencia de vida nos pueda guiar y aconsejar para aprovechar todo nuestro potencial.


Es importante reconocer y celebrar nuestros logros. No dejemos que los sesgos inconscientes y estereotipos de género nos hagan perder de vista lo que somos, lo que hemos construido y lo que podemos llegar a ser. Cuestionemos y liberémonos de los sesgos para crecer entre todas. Por nosotras y por las que vendrán.