Columna de GINA OCQUETEAU
Gina Ocqueteau Tacchini es enfermera de la Universidad de Chile. Preside el directorio de SQM y es directora de Enel Chile, UDD Ventures, Fundación Imagen País y Fundación Chilena del Pacífico. Es representante titular de Chile ante ABAC (APEC Business Advisory Council) e integra los consejos asesores de Fundación Paz Ciudadana, Fundación ChileMujeres y Columbia Global Center Santiago.
NADIE LLEGA SOLA: A UNA MESA

Cuando me preguntan cómo llega una enfermera a presidir un directorio, casi siempre termino hablando de formación y de rigor. La otra mitad de la historia la cuento poco, y tiene que ver con las mujeres que dijeron mi nombre en salas donde yo todavía no estaba.
Durante muchos años estuve convencida de que el trabajo bien hecho hablaba solo. Estudié Enfermería en la Universidad de Chile, empecé a trabajar en Arica y después hice una larga carrera en la ACHS, donde me tocó tratar con gremios y con empresas de todos los tamaños, y donde aprendí que la confianza se gana cumpliendo lo que una promete, una y otra vez, durante años.
Sigo creyendo en eso, pero me tomó más tiempo entender que hacer bien las cosas no alcanza si nadie te da la oportunidad de mostrar lo que puedes aportar, y que esa oportunidad muchas veces parte porque alguien que conoce tu trabajo se acuerda de ti y te recomienda.
Cuando decidí que quería llegar a los directorios me tocó volver a ser la nueva de la sala. Primero volví a la Universidad de Chile, esta vez a la Facultad de Economía y Negocios, a hacer un postgrado en gobiernos corporativos, y después entré al Board of Women de Mujeres Empresarias. Llegué a ambos con muchas más preguntas que certezas, y no es fácil volver a ser alumna cuando una ya tiene una carrera larga a cuestas. Ahí conocí el lenguaje de una mesa de directorio y encontré además compañeras con las que podía compartir dudas y conversar antes de una decisión difícil, y a varias de ellas las sigo llamando hoy cuando necesito otra mirada.
En ese camino tuve además la suerte de encontrarme con Karen Poniachik, que usaba el lugar que tenía para acercar a otras mujeres a nuevas oportunidades y que conmigo lo hizo más de una vez. Karen ya no está con nosotras y todavía me descubro preguntándome qué me aconsejaría, porque su generosidad sigue siendo una referencia para mí.
De Karen y de esas compañeras aprendí que solemos acordarnos de las redes cuando necesitamos un contacto, una recomendación o una oportunidad, y que sin embargo las relaciones que a mí me sostuvieron se habían construido mucho antes, en cosas tan simples como darse el tiempo de escuchar a otra, compartir un dato, hacer una presentación o proponer el nombre de una colega cuando se abría un espacio.
La confianza crece en esos gestos pequeños, de manera que cuando llega una decisión importante ya existe una relación en la cual apoyarse.
Hay otra cosa, menos visible, que agradezco mucho, y es haber tenido cerca a personas a las que podía decirles "esto no lo sé". Yo llegué a los directorios desde la salud y tuve que aprender materias que no eran las de mi formación, cosa que hice estudiando y también preguntando con libertad a gente de confianza.
En ese proceso fui entendiendo que mi propia experiencia también era un aporte.
Creo que esto vale para cualquier etapa de la vida, sea que una esté partiendo con un emprendimiento, retomando los estudios, volviendo a trabajar después de dedicarse a cuidar o asumiendo una responsabilidad en su comunidad. Tener con quién conversar una idea, revisar una decisión o compartir una dificultad puede hacer una diferencia enorme.
Por todo esto me cuesta creer en la imagen de la mujer que llegó sola. En mi historia hay personas que me enseñaron, que me corrigieron, que confiaron en mí y que me acompañaron, y reconocerlas me hace valorar más el camino recorrido y preguntarme qué estoy haciendo yo hoy por otras.
Cuando converso con mujeres que quieren dar un nuevo paso les digo que se preparen con rigor, que sigan aprendiendo y que no esperen a sentirse completamente listas para decir en voz alta a qué aspiran. También les recuerdo que pueden ayudar a otra desde ahora, porque escuchar con atención, compartir lo que una sabe o recomendar a alguien cuyo trabajo conocemos está a nuestro alcance mucho antes de ocupar un cargo.
Nadie llega sola a una mesa, y yo sé muy bien quiénes me ayudaron a llegar a las mías. Por eso siento que parte de mi responsabilidad hoy es mirar quién falta y hacer lo que esté en mis manos para que también tenga un lugar.

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