Columna de DANIELA RETAMALES

Emprendedora Social e Ingeniera civil industrial de la PUCV, con Magíster en Gestión e innovación social. Fundadora y Directora Ejecutiva de Fundación Prótesis 3D, presidenta del Young Crew Chile de la Asociación Internacional de Dirección de Proyectos y miembro del Consejo internacional de YouthActionNet. Reconocida como emprendedora social y líder a nivel internacional por organizaciones como Youth internacional foundation la embajada de Ashoka.


ACEPTEMOS EL ÉXITO

Te sientas frente a tu escritorio, revisas los pendientes que tienes por hacer, y te preguntas a ti misma: ¿Cómo llegue hasta aquí?



Muchas veces nos encontramos trabajando y realizando tantas actividades al mismo tiempo, que no nos damos cuenta cómo llegamos a la posición que tenemos, o cómo hemos alcanzado nuestros logros, nuestros puestos de trabajo o cómo hemos creado un emprendimiento. Mirando hacia atrás, lo primero que se nos viene a la mente son las personas que nos han ayudado, la suerte que hemos tenido y los escenarios que han sido propicios para que nuestro trabajo haya sido exitoso.



Es aquí donde empezamos a dudar de nuestras decisiones, de nuestro instinto y de nuestros talentos, adjudicándole todo a la suerte. Pero ¿Dónde queda nuestro propio reconocimiento? ¿en que minuto nos sentamos a considerar y reconocer el esfuerzo que estamos haciendo? No porque algo se nos haga fácil o tengamos talento para ello significa que no nos esforcemos.

Alguna vez ¿han estado en un lugar donde todo el resto de las personas son extraordinarias? Y uno se pregunta, ¿qué estoy haciendo yo metida aquí? Esta falta de valoración de nuestro propio éxito o de nuestras capacidades se llama Síndrome del Impostor. Principalmente se asocia a la sensación de inseguridad que uno tiene sobre sus propias competencias para haber alcanzado algún puesto de trabajo o reconocimiento, el creer que en algún momento alguien se dará cuenta de que no eres tan buena como las otras personas creen, y que eso arruinará tu carrera, o que nos sobre exijamos hasta el cansancio y aun así no estemos conformes.



Este fenómeno es más común de lo que pareciera, según el International Journal of Behavioral Science, el 70% de las personas se enfrenta a este alguna vez en la vida y mayormente son mujeres. Pero esta sensación de ser quizás un fraude se debe a que no nos responsabilizamos por nuestros éxitos, no reconocemos el valor de nuestro trabajo o no nos damos la posibilidad de celebrar los pequeños logros.



Cambiar esta apreciación personal, requiere ser amable con uno misma y no siempre resultará fácil. Es por esto que debemos generar espacios para reconocer nuestras capacidades, entender cuál es nuestro aporte en cada logro y conversar con otros sobre estas falsas creencias. Porque, es el momento de comenzar a creer y confiar en nuestro potencial y que estemos orgullosas de las metas que hemos alcanzado. Así, podremos comprender nuestro impacto y dejar atrás el éxito no aceptado.