Columna de CATALINA AGUIRRE

Periodista. Profesora de comunicación y Lenguaje. Cosmetóloga. Su experiencia en espacios de belleza y salud en programas de TV, radio y también en columnas de belleza de revistas de moda (revista Ya, De Mujer, Be Nice), derivaron en el estudio de la Cosmetología, recibiendo por parte del Ministerio de Salud su acreditación. Su especialidad es la cosmetología avanzada facial, con gran experiencia en mesoterapia y en técnicas para tratamientos de rejuvenecimiento de la piel. Ello, fue lo que le dio la experiencia para desarrollar una línea dermocosmética antiedad y en el 2017 comenzó a trabajar en las formulaciones. Un año más tarde nace KUMIKO SKINCARE con una propuesta innovadora y efectiva para el tratamiento de los problemas del envejecimiento cutáneo. Toda la línea está hecha a base de té matcha japonés y con activos de última generación. Actualmente, KUMIKO se distribuye en Chile, USA y, próximamente, en mercados de LATAM.


EL IMPORTANTE RITUAL DE QUERERSE A SÍ MISMO

La preocupación por la belleza y el cómo nos vemos podría ser considerado por muchos como un acto meramente superficial o frívolo, pero creo que es todo lo contrario. Querer verse bien es algo que está directamente relacionado con el cómo nos sentimos y el amor propio: cuando sientes amor propio, no sólo lo reflejas en tu piel, en cómo te vistes o cómo te ves, sino en todos los aspectos de la vida misma, y todo comienza a tener un orden, tanto en lo laboral, como en lo personal o lo familiar.


En mi experiencia como cosmetóloga y a la cabeza de una marca de skincare, me he podido dar cuenta que las personas no sólo buscan una fórmula para verse mejor, también como una manera de sentirse bien, de mejorar su estado de ánimo y de darse cariño. Y entregar eso es poder dar un espacio fundamental que, como seres humanos, no solo queremos, sino que necesitamos.


Es por esto que al idear la filosofía de Kumiko, siempre nos hemos enfocado en el cuidado personal pero de manera integral, considerando también todos los demás factores que impulsan nuestro bienestar, como comer sano, hacer ejercicio y dar espacio para la reflexión personal. Porque construir la belleza desde adentro se convierte en un estilo de vida que se moldea todos los días.


Y ojo que no se trata de regirse a cánones establecidos de belleza -que por lo demás varían en el tiempo y en las diferentes culturas-, tratando de ajustarse a algo externo. Es resaltar la individualidad, la esencia de cada quien y eso reflejarlo en el aspecto externo, generar un equilibrio donde lo interno se combina con lo externo.


Precisamente este concepto de equilibrio entre bienestar mental y físico ha cobrado una especial relevancia en los últimos años, pero que tomó aún más fuerza durante la pandemia, donde la importancia de nuestra salud quedó de manifiesto y ha empujado a muchos a profundizar en sus cuidados. Sin duda, este es uno más de los cambios que ha llegado para quedarse; dedicarle más tiempo a nosotros mismos, a cuidarnos, a darnos cariño, a pensar en lo que necesitamos y, desde ahí, ser también personas más plenas.