Columna de CAROLINA SANHUEZA
Fundadora y Gerente General de Sur Model/ Premio Espíritu Mujer INfluyente Abriendo Puertas a la juventud.

Hay una brecha estructural en la forma en que Chile prepara a sus jóvenes para el mundo laboral: la primera experiencia real suele llegar recién en la práctica profesional, cuando esta ya debería ser una evaluación, no un debut.
Miles de jóvenes egresan con formación técnica o profesional, pero sin trayectoria: sin referencias laborales ni haber demostrado, en un entorno real, capacidades básicas como cumplir horarios, trabajar en equipo, resolver problemas o relacionarse con una organización.
Para el sistema educativo están preparados. Para el mercado laboral, no tienen antecedentes.
Trabajando con jóvenes en distintas regiones de Chile hemos comprobado que esa brecha puede cerrarse mucho antes: mientras el estudiante todavía está formándose, antes de su práctica profesional.
Cuando accede tempranamente a un trabajo compatible con lo que estudia, ocurre algo concreto: adquiere experiencia, empieza a ser llamado nuevamente, genera referencias y construye sus primeras redes.
No suma solamente un trabajo. Empieza una trayectoria.
Existe evidencia internacional que respalda este efecto. Un programa de empleo juvenil en Uruguay, que asignó puestos mediante sorteo entre estudiantes de 16 a 20 años, permitió comparar a quienes trabajaron con quienes no accedieron al programa. Dos años después, los participantes tenían salarios mensuales 6% superiores y una probabilidad cinco puntos porcentuales mayor de contar con empleo formal. Además, no se observó un deterioro en su trayectoria educativa.
A nivel país, la evidencia va en la misma dirección: Alemania, con su sistema dual de estudio y trabajo temprano, mantiene un desempleo juvenil de 6%, menos de la mitad del promedio europeo. Chile no mide todavía ese tipo de dato.
Esto no significa que el empleo temprano vaya a resolver por sí solo el desempleo juvenil. Significa algo más preciso y accionable: una primera experiencia laboral puede modificar la empleabilidad futura de una persona.
Y eso es justamente lo que en Chile necesitamos empezar a observar.
Los municipios pueden jugar aquí un rol fundamental: conocen a sus jóvenes, su territorio y a las empresas que operan en él, y pueden conectar esas tres dimensiones en la práctica. Pero necesitamos saber qué ocurre después: ¿los vuelven a llamar?, ¿qué capacidades desarrollaron?, ¿esa experiencia abrió una segunda puerta?
Por eso necesitamos generar evidencia territorial rigurosa y medir la empleabilidad juvenil no solo cuando un joven busca su primer trabajo profesional, sino desde mucho antes, en el territorio. Durante años hemos mirado la salida del sistema educativo. Quizás llegó el momento de mirar también la entrada: el momento en que la práctica profesional deja de ser un debut y se convierte, por fin, en una evaluación.
Porque el talento juvenil ya está ahí, esperando su turno. Lo que falta es adelantar la puerta.
@carolina.sanhueza_

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