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Columna de ANTONIETA REY

Empresaria directora de la Corporación Nuestra Señora de la Consolación. Hogar dedicado a acoger enfermos terminales y de escasos recursos.

CONOCERSE Y ACEPTARSE ES LA BASE DE TODO CUANDO HABLAMOS DE AMOR.

Para mí, es determinante el amor propio, el cual se construye cuando hay autoconocimiento tanto de los defectos y las virtudes. También es vital reconocer tus propios méritos y no los de otros, siendo muy importante no suprimir nuestros miedos, dolores y fracasos, ya que estos últimos son los que nos enseñan a partir de cero, con más fuerza. Nunca hay que subestimar el poder del amor propio.


A los doce años tuve un accidente traumático que marcó mi destino para siempre. Era una niña que cursaba séptimo básico, cuando una caída fracturó mi rodilla en mil pedazos. Fui operada por un médico que según mis padres era el mejor especialista, pero la verdad es que no fue así. El médico tomó la decisión de reconstruir mi rótula fracturando mi fémur derecho cuando yo me encontraba en la etapa de crecimiento. Esta mala decisión, me trajo múltiples dolencias y varias otras operaciones.

Debido a esta experiencia tan marcadora, me vi enfrentada a aprender de esto y no quedarme estancada en una eterna situación de sufrimiento. A los 36 años, tomé la decisión de volver a entrar a pabellón, pero con una mirada distinta y más empoderada de mi persona, con amor propio para lograr mi felicidad. Todo esto fue muy difícil porque tenía dos hijas adolescentes que, en el transcurso de dos años, su mamá estuvo ausente de poder asistir a las reuniones de curso y paseos de fin de año. Un costo que pude sobrellevar aprendiendo del dolor y de la capacidad de seguir adelante sin quedarme estancada en una eterna situación de sufrimiento.

El dolor fue mi gran maestro, vino a enseñarme a vivir una vida más consciente, me regaló la invitación a replantearme mis prioridades vitales. La resiliencia fue clave para reconocerme tan vulnerable e imperfecta que me permitió ver mi propia fragilidad. Tuve veinticuatro meses para replantearme nuevos objetivos de vida, donde lo espiritual fue el pilar fundamental para poder conectar, aprender y evolucionar sacando la mejor versión de mí, aceptando mis limitaciones, defectos y virtudes. Cuando ya estuve nuevamente de pie y sana, empecé dando las gracias por las pequeñas cosas y cuando más agradecida estaba, más aumentaba mi recompensa.


Para recibir tienes que dar. Es la ley. El universo opera gracias a este intercambio dinámico. Cuando pasas por alto eso, frenas el flujo de la energía, la que fluye en abundancia. Ojo, que esto tiene que ser genuino, cuando el “dar” resulta de la felicidad, de una manera desinteresada y sin buscar nada a cambio.

Desde hace diez años pertenezco a una institución que se dedica al cuidado de enfermos terminales, personas desamparadas cuyas familias no se pueden hacer cargo de ellos o no tienen una que cumpla esa labor.

Les brindamos un lugar limpio, cómodo y con todo lo necesario para que el término de sus vidas sea con dignidad. Puedo decir que este compromiso cambió mi forma de ver y vivir la vida, dejando atrás el ego, me abrí al campo de vibrar en la frecuencia de aquello que quería sentir, eso que realmente quería ser no “teniendo”, sino “haciendo”. Siendo generosa con mi tiempo, organicé mi agenda en términos de prioridades, aprendí a decir que no a cosas poco relevantes y me enfoqué a darle espacio a algo que consideraba importante y necesario para mí.


Para poder contar un poco de mi experiencia laboral como mujer empoderada y de negocios, el aprendizaje de esas experiencias dolorosas y la autoconfianza es vital para poder crear, tomar las riendas de las decisiones que tomamos en nuestra vida y elegir el rumbo que queremos tomar, saber qué es lo que nos apasiona y en qué cosas somos buenos. Por otra parte, está lo que nuestros padres y familia esperan de nosotros. Sin embargo, ¿podemos congeniar los dos? Y aún más importante, ¿Cómo emprender en un negocio siguiendo tu pasión?

La mayoría escoge tener un mejor salario a sabiendas de que no será más feliz. ¿Por qué ocurre esto? Varias explicaciones manifiestan que el dinero es un factor importante en el camino de la felicidad. Aunque este permite adquirir todas las cosas que hacen que “temporalmente” seamos felices, no existe una suma de dinero que pueda comprar el tiempo. Este es uno de los activos más valiosos que poseemos, muchas veces damos por sentado su valor y nos pasamos la vida haciendo cosas de las cuales no nos sentimos satisfechos, porque pensamos que el “sacrificio” lo vale todo. En este sentido, no digo que los sacrificios no valgan la pena, pero hay que tener en cuenta que la vida se va mientras estás ocupado haciendo otros planes. No se trata de arrepentirse sobre las decisiones tomadas, pero sí de detenerse y pensar en las futuras decisiones que vienen.


Si ya eres un exitoso trabajador que está escalando en la vida laboral, eso está muy bien. Si has logrado estabilizar tu vida laboral, personal y profesional, detente a pensar cuál es el siguiente paso. ¿Quieres seguir destinando tu valioso tiempo a hacer lo mismo? ¿O quieres aprender cómo emprender un negocio siguiendo tu pasión?

Si tienes una pasión, la cual no seguiste porque pensaste que no te daría lo suficiente para vivir, es hora de repensar esta decisión. Hay que comenzar por ser disciplinado y planificar, hábitos que son necesarios para lograrlo y comprometerte contigo mismo y tu visión de la vida.

¿En qué mujer te quieres convertir? No se trata de hacer grandes cambios, por el contrario, es hacerlo un poquito mejor que el día anterior, tomando consciencia y dando pequeños pasos diarios que irán mejorando tu vida desde lo cotidiano.


Y en cuanto a la planificación, si tienes una pasión, la cual no seguiste porque pensaste que no te daría lo suficiente para vivir, es hora de pensar nuevamente esta decisión. Planifica, persíguela, ya que esto no significa abandonar la idea de una vida económicamente próspera. Ten en cuenta que lo que te llevará a un estado de desequilibrio financiero, es no planificar ni tener estrategias efectivas que te permitan lograr hacer lo que realmente te gusta. Hacer lo que nos apasiona, no significa que inmediatamente vas a tener éxito.

Dejar tu trabajo para dedicarte a tu propio negocio no te llevará a ningún lado si no tienes un plan financiero que te permita esta transición. Ser optimista no basta. En este caso, seguir tu pasión, también se trata de saber cuál es el camino para poder lograrlo. No sigas consejos en el que se te prometa “el cielo y la tierra” en un corto período de tiempo. Perderás todo tu dinero y tiempo tratando de encontrar esa “clave secreta”.