Columna CATA DROGUETT

Destacada Charlista, Periodista Conductora de radio y televisión, ícono en el mundo de la sustentabilidad socioambiental y de la vida consciente hace 12 años. Impulsora de exitosos proyectos con triple impacto como el reconocido programa de televisión y radio “Chile Sustentable” y la “Comunidad Mujer Sustentable”. Embajadora para Latinoamerica de La Bioguia, plataforma de difusión y sustentabilidad que llega a más de 20 millones de personas.


SUSTENTABILIDAD EN LA INDUSTRIA TEXTIL



La crisis climática que atraviesa nuestro planeta y las consecuencias negativas que está teniendo en la actualidad y de cara al futuro son incalculables, siendo, en palabras de la ONU, una amenaza existencial.


¿Qué ha llevado a la humanidad hasta este punto? La respuesta es compleja, dado que son múltiples los factores que están involucrados, siendo uno de los más relevantes nuestra forma de consumir y, específicamente, cómo nos relacionamos por ejemplo con el mundo de la moda y la producción textil.


Lo cierto es que cuando pensamos en las industrias que más dañan el medio ambiente, lo común es pensar en las energías, el transporte, la minería e incluso la producción de alimentos. Sin embargo, es la industria de la moda la segunda más contaminante del planeta.


Según cifras de Naciones Unidas, la industria textil utiliza cada año 93.000 millones de metros cúbicos de agua, un volumen suficiente para satisfacer las necesidades de cinco millones de personas. Además, cada año es responsable de tirar al mar medio millón de toneladas de microfibra, lo que equivale a 3 millones de barriles de petróleo. Lamentablemente, aun hay poca conciencia al respecto.


Además de las repercusiones a nivel hídrico, este sector produce más emisiones de carbono que todos los vuelos y envíos marítimos internacionales juntos, empeorando así las graves consecuencias en el cambio climático y el calentamiento global. Es más, cada segundo se entierra o quema una cantidad de textiles equivalente a un camión de basura.


El gran problema es el modelo de la “moda rápida” o “fast fashion” que ofrece a los consumidores cambios constantes de colecciones a bajos precios, motivándolos a comprar y desechar ropa frecuentemente.


Así, la producción de prendas de vestir se duplicó en el periodo de 2000 a 2014 y Chile no aporta datos alentadores, ya que somos el segundo país que más gasta en ropa en Latinoamérica. Más allá de la responsabilidad que le cabe a las empresas, cada ciudadano juega también un rol a la hora de equilibrar este dañino modelo productivo.


Pese a los poco esperanzadores datos, lo positivo es que los productores y consumidores de moda están cada día más conscientes de que necesitamos hacer cambios e incluso grandes empresas comienzan a integrar en sus negocios principios de sustentabilidad, a la vez que existen iniciativas y organizaciones que trabajan para impulsar una cultura basada en terminar con el desperdicio y potenciar la reutilización.


El análisis está claro, tanto las empresas, al momento de producir, como los consumidores, al tomar una decisión de compra deben ser responsables y entender que todo lo que hacemos, incluso el acto de cómo y con qué vestirnos, impacta profundamente nuestro entorno.



@catadroguettp