Columna CAROLA FUERTES

Ingeniera Civil Electrónica y Life Coach Certificada, trayectoria profesional en Procter&Gamble, Clínica Alemana y LATAM Airlines.

NO ESTAR SIEMPRE BIEN NO ES UN PROBLEMA

Ser humanas es incómodo a veces.


La mitad de las veces para ser más precisa. Y no es un problema.


La mitad de tu vida te vas a sentir bien y la otra mitad mal.


La mitad de tus emociones van a ser positivas o cómodas, y la otra mitad van a ser negativas o

incómodas.


Es la ley del 50/50, el yin y el yang, la oscuridad y la luz. Todo es normal y es parte de la experiencia humana.


La razón de esta distribución no tiene que ver con que el mundo allá afuera sea mitad y mitad. El mundo es neutro, no es bueno ni malo. No es cómodo, ni incómodo. El mundo es.


La razón de que lo vivamos como cómodo o incómodo, como positivo o negativo, tiene que ver con nuestros pensamientos al respecto del mundo.


Nuestro cerebro está hecho para fijarse en lo “malo”, lo “peligroso”, lo “diferente”, los “quiebres en los patrones”. Todo eso nos llama la atención, no porque seamos unas negativas o pesimistas juzgonas, sino que porque nuestro cerebro tiene como una de sus funciones principales el mantenernos con vida.


En la medida en que nuestro cerebro sea capaz de hacerse mejor en detectar lo que está mal en el mundo, lo que es incómodo y lo que no nos gusta… y estar en lo cierto… más altas serán nuestras probabilidades de no morir.


Y para el cerebro, esta función de garantizar la sobrevivencia es mucho más importante que la de sentirte bien.


Por esta razón, es completamente normal tener emociones en todo el espectro, aproximadamente la mitad son cómodas y la otra mitad son incómodas.


Cuando resistimos esta dualidad es cuando creamos sufrimiento innecesario.


Piénsalo, qué duele más… que tu hija haga una pataleta…, o que haga la pataleta y que tu estés peleando con esa realidad, diciéndote y diciéndole que no debería estar haciéndolo?


Qué crea más sufrimiento, que te digan que no al aumento de sueldo…, o que te digan que no y que tu discutas (en tu mente o en la realidad) con esa decisión, que la juzgues como injusta, o incorrecta…?


Qué es más difícil de sobrellevar, que la pesa indique que subiste 5 kgs durante la cuarentena…, o que indique los mismos 5 kgs. y tu le permitas a tu mente acosarte con pensamientos violentos y poco amables sobre tu cuerpo y tu persona?


Ser humana es por definición mitad cómodo y mitad incómodo. Está bien que así sea y no tiene por qué ser un problema…


El problema es que cuando discutimos con esta dualidad, y tratamos de hacer que la balanza se cargue hacia lo cómodo, logramos lo contrario… creamos sufrimiento innecesario.


La próxima vez que sientas emociones incómodas, frustración, rabia, vergüenza, impotencia, tristeza,… en vez de tratar de resolverlas (muchas veces recurriendo a muletas temporales como alcohol, comida que tu cuerpo no necesita, perderte por horas en las redes sociales, o Netflix…etc) acéptalas como parte normal de esta experiencia como humana en el planeta.


Ábrete a sentir estas emociones. Ten la confianza de que en la medida en que sientes el yin, estás generando también espacio para el yang.


No le tengas miedo a este ir y venir. No le tengas miedo a tu humanidad.


Ten confianza que por muy incómodas que sean… las emociones incómodas no te dañan.


Este es el proceso que uso con mis clientas para aprender a sentir las emociones y procesarlas su cuerpo. Cada vez que sientas que una emoción está comenzando a invadirte:


1. Siéntate en un lugar cómodo y donde puedas estar tranquila y sin interrupciones por 5-10 minutos.

2. Descansa las manos sobre las rodillas y apoya los pies en el suelo.

3. Cierra los ojos, y repite 3 inhalaciones profundas por la nariz y exhalación por la boca

4. Escanea tu cuerpo desde la cabeza, lentamente bajando hacia la cara, el cuello, los hombros, brazos, manos, y pecho, buscando las sensaciones físicas o vibraciones que esa emoción crea en tu cuerpo.

5. Tómate tu tiempo y continúa hacia el abdomen, glúteos, muslos, pantorrillas y pies.

6. Cada vez que notes una sensación o vibración, pon atención y trata de descubrir todas las características que puedas identificar de ella. Ej.: Color, forma, temperatura, textura, peso, velocidad, si cambia de forma, si cambia o se mantiene estable.

7. Respira profundo cada vez que encuentres una sensación.

8. Cuando se hayan disuelto las sensaciones, o cuando sientas que fue suficiente y quieras parar, abre tus ojos lentamente.


Durante el ejercicio, ten la confianza de que puedes parar en cualquier momento si es que es demasiado intenso o incómodo, y también puedes repetir en tu mente una frase como “estoy a salvo”, “estoy segura”, “está todo bien”, “es seguro sentir mis emociones”.


Mientras más aprendemos a habitar nuestro cuerpo aún cuando estamos sintiendo algo incómodo, menos vamos a resistir la mitad de esta experiencia humana que por diseño es incómoda.


Esta habilidad te empodera para vivir tu vida sin miedos y para ponerte las metas más ambiciosas sin temor a sentir ninguna emoción negativa… porque sabes que tienes la capacidad de procesarlas y que, a pesar de ser incómodas, no te hacen ningún daño.


Te desafío a abrirte a las emociones incómodas. Vas a ver cómo al abrirte más y más, tu capacidad para sentir las cómodas también crece. Vale demasiado la pena.