Columna de FRANCISCA JÜNEMANN

Abogada UC. Magister en Derecho. Presidenta Fundación ChileMujeres

Miembro Círculo Persona y Organización de Icare. Miembro Consejo Empresarial Alianza del Pacífico. Columnista LT-Pulso. Miembro Un Camino Posible


CULTURA DEL TELETRABAJO: EL MOMENTO ES HOY



En estos momentos de angustia, de incertidumbre, de aislamiento, de intensidad familiar o soledad, con nuestros derechos básicos limitados, sin las redes de cuidado ni de apoyo habituales, estamos no sólo trabajando de forma diferente condicionadas por las circunstancias anormales que nos está tocando vivir, sino también, estamos forjando una nueva cultura de trabajo que trascienderá a la pandemia y a nuestra generación.



Una cultura que a pesar del suelo inestable e incierto sobre el cual ha comenzado a gestarse, puede crecer bien y debemos hacer lo posible para que así sea; porque determinará las posibilidades de trabajos formales para las mujeres.



La ruptura total con la inercia cultural en la cual estaban inmersos los lugares de trabajo que forzó el Covid -solo el 1% de las personas trabajaba con alguna modalidad de trabajo a distancia antes de la pandemia y hoy el 40% dice estar teletrabajando- debe ser aprovechada para generar los pilares de un teletrabajo comprendido, no como una solución transitoria inmersa en agobio y estrés, sino como una herramienta equilibrada de adaptabilidad para que las condiciones laborales se ajusten de mejor manera a las necesidades de las personas; y así puedan desarrollar todas sus capacidades y talentos y progresar en sus lugares de trabajo.



Muchos y muchas de quienes estamos teletrabajamos sin colegios ni salas cunas, con todos los integrantes de la familia en la casa, hemos sentido que nuestra esfera familiar está siendo invadida por la esfera laboral y la laboral, por la familiar, con tecnologías de por medio que pueden ser más invasivas y controladoras que el trabajo presencial.



Por eso, el primer paso en la construcción  cultural, deberíamos darlo hacia la definición de nuevos límites. Y la nueva ley de trabajo a distancia y teletrabajo aporta en este sentido en dos dimensiones: respeto a los acuerdos y respeto a los descansos e intimidad.



En cuanto a los acuerdos para que las condiciones laborales se adapten de mejor manera a las necesidades de las personas,  la nueva legislación permite que el trabajo a distancia o teletrabajo pueda ser total o parcial, es decir, parte desde la casa y parte desde la empresa o industria. Y que esa parcialidad pueda ser no sólo ciertas horas al día, o ciertos días a la semana, sino también ciertas semanas al mes o ciertos períodos del año.



La ley entrega también la posibilidad que se pueda teletrabajar con o sin jornada de trabajo,  fijando un número máximo de horas a la semana o no. Y si es con jornada, que pueda ser total –máximo 45 horas- o parcial, máximo 30 horas semanales.



Y que de haber acordado una jornada con número determinado de horas diarias, la persona pueda decidir cómo distribuirlas dentro de un rango de 12 horas de la mejor manera de acuerdo a sus necesidades, si es que de esa forma, por supuesto, es posible cumplir con sus funciones.



Habilita a su vez, para que el lugar se defina de común acuerdo entre las partes, sea la casa u otro lugar, o bien libremente la persona trabajadora decida desde donde ejercer sus funciones, sin una previa determinación contractual. Y que se pueda acordar distintas modalidades de trabajo a distancia entre una misma persona trabajadora y la empresa.



Respecto  al respeto de los descansos e intimidad, la nueva ley de trabajo a distancia y teletrabajo consagra el derecho a desconexión de a lo menos 12 horas para quienes teletrabajan sin jornada laboral o distribuyen libremente su jornada de acuerdo a sus necesidades. También prohibe demandar trabajo en los descansos, feriados y vacaciones. Y no transa en la inviolabilidad del hogar e intimidad como bienes protegidos, exigiendo mecanismo de control de jornadas no invasivos, proporcionales y conocidos. Ni aún para corroborar las condiciones de seguridad, se puede entrar a la casa sin consentimiento. 

Que este marco de respeto a los descansos e intimidad y de posibilidades de acuerdos que la nueva ley entrega, nos anime a sentarnos a conversar en las organizaciones y empresas en las cuales trabajamos, para lograr pactos que den tranquilidad en estos momentos turbulentos y que aporten en la construcción de una cultura de teletrabajo equilibrada que trascienda, abriendo la puerta y no cerrándola, a quienes pueden y quieren trabajar de esta manera.